«por Mariano Ravizza»
 

  Nota corresp. a 7° edición [Junio ~ Julio] « por Mariano Ravizza»   ::haga clíck para entrar al home::  


 

Hace poco más de tres años que con Martín no pisamos este suelo, algunos recuerdos algo desteñidos por el tiempo sirven para rememorar la belleza que rodea cada rincón de las sierras de la provincia de Buenos Aires. Parados en uno de los puntos estratégicos: el sólido puente de hierro y cemento que cruza al ignoto y poco caminado río Sauce Chico, vemos cuatro o cinco truchas que se desplazan displicentemente sobre el suave lecho de fina grava que posee este curso, poco antes de formar el "lago" de Parque Norte. Es una invitación difícil de rechazar para cualquier pescador de alma y mientras descendemos por la escarpada barranca de tierra voy pensando como intentar engañar a alguna de esas truchas facultativas. Ya debajo del puente, del lado oeste, la decisión es seguir con la mosca con la que hacía solo unos minutos había cobrado la primera trucha del viaje aguas arriba: una pequeña larva de chironomido atada en anzuelo #18 de una tonalidad crema, en el final de un largo líder de poco más de doce pies, rematado con un tippet 6X. El sol del mediodía me permite ver a las truchas ir y venir sobre un pequeño canal que se forma prácticamente en el medio del curso.
Los lanzamientos son precisos y delicados; mediante un "parachute cast", la ninfa se deposita en el corredor alimentario de los peces, evitando siempre que la línea caiga en la zona de desplazamiento; solo el líder puede pozarse allí. Una y otra vez el engaño cae frente a sus ojos, pero ellas parecen inmutables. Al fin, una se acerca hacia donde el pequeñisimo indicador de pique mantiene en suspención a la diminuta mosca.
Toda la acción transcurre a solo diez metros de donde me hallo parado, la concentración llega a su cenit, cuando el inconfundible abrir y cerrar de la boca de la trucha, dejando ver su delicado interior blanco, da la señal para levantar gentilmente la caña, esperando sentir del otro lado aquello que finalmente sucede a continuación: un cabezazo y la siguiente corrida que inevitablemente hace cantar al reel su más preciada canción. La "pelea" pescador - pez no es extensa y a pesar del delgado hilo que nos mantiene en contacto las emociones son muchas y muy fuertes. Es la segunda trucha del día: una arco iris de cuarenta y cinco centímetros, que sin demasiado protocolo es devuelta al agua.-

"Muchos pescadores suelen preferir otros ríos serranos antes que el Sauce Chico, ya que solo lo vinculan con la pesca deslucida del lago o por creer que se trata de un curso sin correderas o sitios más "tradicionales". Pues bueno, nada es más erróneo que esto, el tema es que casi nadie toma coraje para remontar el río en caminatas de cuarenta minutos en adelante".

 
  «Desde lo alto del puente se suelen visualizar truchas de hasta dos kilogramos»

«trucha arcoiris de cuarenta y cinco centímetros» ::Esta trucha fue vista desde el puente y tentada a picar tras intensos intentos::




 

 

«Martín Perotti con una muy buena trucha del piletón»
::Trucha cobrada en el piletón::









 

Primer día de pesca.

Armamos la tienda en el complejo "Parque Norte" a orillas del río Sauce Chico, sin darnos cuenta de que de haberse producido alguna precipitación importante en las sierras pudimos haber sufrido graves consecuencias, debido a los notables aumentos de caudal que generan las lluvias en este tipo de cursos.
La emoción de estar en un ámbito con truchas salvajes y difíciles es imposible de ocultar. La decisión es unánime: el primer día va a ser dedicado al "piletón" del camping.
El "piletón" o "laguito" no es más que un ensanchamiento del río Sauce Chico, producido por una pequeña represa que interrumpe momentáneamente el correr de sus aguas. A decir verdad el único atractivo de pescar allí es la calidad y cantidad de las truchas que se visualizan con facilidad, que en muchas oportunidades rondan los dos kilogramos. Al margen de eso la pesca allí es bastante deslucida; no obstante ver nadar semejantes aparatos tan cerca de la costa acelera el pulso de cualquiera. Así, decidimos dedicar el primer día a esta pesca y tratar de persuadir a estas difíciles truchas para que tomen nuestras moscas.
La pesca aquí se reduce a arrojar la línea con un indicador de pique y una pequeña ninfa que debe mantenerse en suspención a la profundidad en la que los peces se alimentan. Se asemeja mucho a la pesca tradicional de espera del pejerrey, pero con equipo de mosca y frente a peces que realmente "saben leer y escribir".
Durante el primer día de pesca en el piletón pudimos capturar ocho truchas utilizando esta técnica descripta, nada mal por cierto; ni hablar de aquellas otras que tras interminables corridas de más de veinte metros lograron zafarse del diminuto anzuelo.

 

 

 

«la belleza de los colores otoñales»  

 

«no es para menos la alegría, el tentar y lograr cobrar una trucha en este sitio es un premio inolvidable»
::Río arriba se dan con lugares exquisitos; en este caso con una hermosa y difícil trucha del cauce superior::


«nótese la impresionante aleta caudal»
::Estos animales estan muy sanos y en una corrida son capaces de evaporar más de veinte metros de línea, tal como lo hizo éste ejemplar::





 

Segundo día de Pesca.

Si bien durante el primer día probamos las riquezas del piletón, ahora necesitámos acción de verdad. La propuesta es caminar río arriba en busca de aquellos sitios que años atrás habíamos conocido. Comenzamos a explorar desde temprano; la helada caída en la madrugada, justo antes de romper el alba, cubre los pastizales con un manto blanco, cargando al ámbito con una energía sobrenatural.
Tras haber caminado unos cuarenta minutos, comenzamos a dar con esas mini correderas de no más de dos metros de ancho, donde ser prolijo en la aproximación lo es todo. Nos detenemos en una corredera lenta y caudalosa que alimenta a una sucesión de angostos y profundos pozos, tapizados por las amarillas hojas que los sauces que proliferan en las costas dejan caer.
Martín en plena corriente con una wolly bugger negra de cola corta en anzuelo #10, mientras que yo continúo con la diminuta larva que el día anterior había seducido a más de media docena de truchas, en donde las aguas más rápidas daban lugar a la cabeza del pozo. Arrodillado hago los lanzamientos con un sutil "rol"l y dejo derivar hasta un sector bañado por las sombras de un arbusto. Luego de varios lanzamientos similares, una "eléctrica" arco iris de buen tamaño toma el letal gusanillo. La lucha en estos sectores se carga de adrenalina, ya que los peces buscan refugio en las raíces, troncos y demás obstáculos que yacen en el río. La trucha es fotografiada y devuelta. Al regresar al mismo punto veo algo impresionante: el sector donde estaba casteando se cubre de truchas de entre treinta y cincuenta centímetros... más de una docena de ejemplares conformando un compacto cardumen. Martín seducido por el espectáculo presenta su wolly bugger y es premiado con una linda arco iris. La tarde en el río nos regala tres truchas a cada uno de nosotros.
De vuelta en el piletón, decido atar una ninfa que mi viejo amigo Cristian me había regalado la última vez que pescamos juntos en ese lugar. Tras algunos intentos, un delicado pique indica que otra de las potentes truchas del "lago" posará para la foto.
El día se completa con otras dos truchas que pican aguas debajo de la represa (donde también habitan longevas arco iris): una de ellas con una emergente de efímera en #14 y como la cereza en el postre, la última del viaje, con una mosca seca en anzuelo #18 (una light cahill para ser más preciso).
Esta vez el río se porto bien y nos brindó dos días inolvidables en pleno otoño, tanto en las mansas aguas del piletón como en sus poco visitadas correderas.
La verdadera acción del Río Sauce Chico reside en sus ignotas aguas, aquellas que solo los que decidan invertir tiempo caminando van a conocer. En sus correderas y pozones que atesoran tantas buenas truchas, que no dejan de sorprender, es donde la pesca con mosca tiene su esencia.-

 








 

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