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::Río
arriba se dan con lugares exquisitos; en este caso con una hermosa y difícil
trucha del cauce superior::

::Estos
animales estan muy sanos y en una corrida son capaces de evaporar más
de veinte metros de línea, tal como lo hizo éste ejemplar::
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Segundo
día de Pesca.
Si bien durante el primer día probamos las riquezas del piletón, ahora
necesitámos acción de verdad. La propuesta es caminar río arriba en busca
de aquellos sitios que años atrás habíamos conocido. Comenzamos a explorar
desde temprano; la helada caída en la madrugada, justo antes de
romper el alba, cubre los pastizales con un manto blanco, cargando al
ámbito con una energía sobrenatural.
Tras haber caminado unos cuarenta minutos, comenzamos a dar con esas mini
correderas de no más de dos metros de ancho, donde ser prolijo en la aproximación
lo es todo. Nos detenemos en una corredera lenta y caudalosa que alimenta
a una sucesión de angostos y profundos pozos, tapizados por las amarillas
hojas que los sauces que proliferan en las costas dejan caer.
Martín en plena corriente con una wolly bugger negra de
cola corta en anzuelo #10, mientras que yo continúo con la diminuta larva
que el día anterior había seducido a más de media docena de truchas, en
donde las aguas más rápidas daban lugar a la cabeza del pozo. Arrodillado
hago los lanzamientos con un sutil "rol"l y dejo derivar hasta
un sector bañado por las sombras de un arbusto. Luego de varios lanzamientos
similares, una "eléctrica" arco iris de buen tamaño toma el letal gusanillo.
La lucha en estos sectores se carga de adrenalina, ya que los peces buscan
refugio en las raíces, troncos y demás obstáculos que yacen en el río.
La trucha es fotografiada y devuelta. Al regresar al mismo punto veo algo
impresionante: el sector donde estaba casteando se cubre de truchas de
entre treinta y cincuenta centímetros... más de una docena de ejemplares
conformando un compacto cardumen. Martín seducido por el espectáculo presenta
su wolly bugger y es premiado con una linda arco iris. La
tarde en el río nos regala tres truchas a cada uno de nosotros.
De vuelta en el piletón, decido atar una ninfa que mi viejo amigo Cristian
me había regalado la última vez que pescamos juntos en ese lugar.
Tras algunos intentos, un delicado pique indica que otra de las potentes
truchas del "lago" posará para la foto.
El día se completa con otras dos truchas que pican aguas debajo de la
represa (donde también habitan longevas arco iris): una de ellas con una
emergente de efímera en #14 y como la cereza en el postre, la última del
viaje, con una mosca seca en anzuelo #18 (una light cahill para ser más
preciso).
Esta vez el río se porto bien y nos brindó dos días inolvidables en pleno
otoño, tanto en las mansas aguas del piletón como en sus poco visitadas
correderas.
La verdadera acción del Río Sauce Chico reside en sus ignotas aguas, aquellas
que solo los que decidan invertir tiempo caminando van a conocer. En sus
correderas y pozones que atesoran tantas buenas truchas, que no dejan
de sorprender, es donde la pesca con mosca tiene su esencia.-
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