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| Nota corresp. a 4° edición [Diciembre ~ Enero] |
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Nuevamente
rompe el alba, pero el sol todavía no llega a bañar nuestra tienda con
sus rayos, aún falta un buen rato para que pueda sortear aquellos bastos
cerros y montañas que nos rodean. Como casi todas las mañanas allí, no
corre nada de viento, parecía que solo despierta recién un par de horas
más tarde. El río Quillen, precioso como siempre nos saluda y susurra
mientras preparamos un café de campamento a sus pies Es un río muy particular,
de tamaño mediano y de temperamento muy cambiante desde que nace en el
lago del mismo nombre hasta donde se funde con el gran río Aluminé. Precisamente
su temperamento fue lo que nos atrajo. Sus primeros kilómetros son únicos,
ignotos, mansos y callados; aguas quietas donde reinan muchas truchas
de buen tamaño que se sienten protegidas en esa gran calma y en ese gran
volumen de vegetación acuática. Desgraciadamente toda esa zona es privada
y solo es accesible dinero de por medio. El río sigue su curso, pero en
adelante parece querer salir de esa calma, con imponentes correderas de
aguas blancas. Enormes piedras se proponen interrumpir el correr de sus
aguas, lo que hace exaltar aún más al cristalino río, es digno de verse.
Finalmente, como si se hubiera cansado de esa violencia, encuentra un
punto medio entre la calma absoluta de sus primeros tramos y la ira que
le despertaban aquellas rocas que se interponían en su devenir. Y entonces
como por propia voluntad se convierte en un curso clásico de montaña,
con sus correderas y pozones. Pero siempre, a pesar de su temperamento
ciclotímico, reina noblemente en toda su extensión. Todos los seres a
su alrededor le deben tributo y nosotros no escapamos de esa condición.
Mientras tomamos el café recién hecho, decidimos a que punto dirigirnos.
No hubo que pensarlo mucho, el lugar es aguas arriba, aquel sector calmo
y lleno de truchas de excelente tamaño que desafían la cordura de los
pescadores. |
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De donde estamos
acampando, a unos cientos de metros de la casa del cacique de aquella
comunidad mapuche llamada "currumil" (oro negro), debemos caminar unos
ochenta minutos por senderos poco transitados que atraviesan vados, campos
repletos de pinos y prados de menta silvestre que hacen mucho más grato
el simple hecho de respirar. Entonces caminamos y contemplamos aquel río
clásico de montaña que aguas arriba se va enfureciendo cada vez más, con
esas irascibles correderas y luego... la calma, la quietud absoluta. Ese
es el lugar donde habíamos soñado pescar siempre, un sitio selecto y único
que exige al máximo para ser recompensado con una trucha, justamente esa
quietud en la superficie dificulta al extremo la pesca de salmónidos.
Antes de comenzar con el ritual del armado del equipo decido sentarme
a la vera del río a observar a aquel lugar y a sus habitantes, querendo
familiarizarme, formar parte de esa maravilla. Recién después armo una
delicada caña #3, a la que cumplimento con un líder de doce pies de largo
que termina en un tippet del 5X, a éste ato una pequeña ninfa de mayflie
en anzuelo #16. una mosca de las clásicas, nada nuevo, una "pheasant tail",
una de mis ninfas favoritas. Camino unos metros más, río arriba, buscando
ese sitio donde comúnmente los pescadores sentimos que daremos con el
pez buscado; alejado siempre de la costa para no ser detectado por las
truchas, que en este tipo de ámbitos agudizan su percepción...... y entonces
mientras camino, veo una hermosa arco iris, literalmente pegada a la costa,
recostada junto a una piedra, parecía inmutable. El lanzamiento es sencillo
solo con el líder, la pheasant tail se deposita a solo un metro de la
cabeza de la trucha y mientras la mosca se hunde muy lentamente, la trucha
se dirige a su encuentro a toda velocidad y así sigue hasta el medio del
río, con la mosca en la boca, sacando línea del reel hasta dejar ver el
color blanco del backing. En ese momento me siento parte de aquel reino,
ahora lo contemplo todo desde adentro. La contienda no dura mucho, solo
lo justo y necesario para que ambos ganáramos: ella otra vez su libertad,
aquella que le quité por un instante, y yo el premio máximo de vivir una
experiencia en el reino del hermoso río Quillen. |
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