«por Pablo Saracco»
 

  Nota corresp. a 7° edición [Junio ~Julio 2004] «por Pablo Saracco»   ::haga clíck para entrar al home::  


 
La pesca, muchas veces (por no decir casi todas) se caracteriza por tener un espacio reservado en el terreno de lo ilógico y en ocasiones (por no decir todas) de lo fantástico. Alguien dijo alguna vez que en la pesca 2+2 es igual a 5. No está muy lejos de la verdad no?. Las infinitas variables que hacen a la pesca algo imprevisible, son al mismo tiempo las que nos hacen fracasar sin llegar a entender el porqué, y las que nos hacen latir el corazón como ningún otro estímulo podría, en el momento en que hacemos "contacto" con los seres que moran mas allá de la superficie del agua. La historia que voy a relatar comenzó como no podía ser de otra manera, de forma imprevisible. Por cuestiones de trabajo, en abril de este mismo año (2004) me encontraba a bordo de un avión de línea rumbo a la ciudad de Calafate, como saben, próxima a los tan famosos glaciares. El motivo era la realización de un video de tipo turístico-comercial acerca de las bellezas que rodean a esta pintoresca ciudad.
Dentro del itinerario de trabajo, figuraba un pequeñísimo pueblo llamado Los Antiguos, al cuál debía trasladarme a fin de generar material para dicho video. Este paraje tan bello y remoto, dista 600 Km. de El Calafate, por la ruta 40 (todo ripio!) y para que tengan una referencia un poco más certera, les cuento que se encuentra en el límite con Chile, en la zona norte de Santa Cruz, ahí nomás de la provincia de Chubut. Cada vez que me encuentro trabajando, trato de concentrarme en mi tarea a fin de rendir lo mejor posible, cosa que no me cuesta demasiado ya que además de la pesca, mi otra irrefrenable pasión es recorrer lugares remotos con una cámara de video en la mano. Pero vaya paradoja digo yo, cada vez que mi trabajo me lleva a lugares donde se encuentra presente la posibilidad de pescar, aunque de todas formas para mi, el trabajo es el trabajo.



 
  «una marrón recién ingresada del colosal Lago Buenos Aires»
::arriba: Pablo Saracco con una imponente marrón del río "los Antiguos"::
::abajo: la misma fotografía, pero en detalle::
 
 

«escaramuza en "la Lagunita"»
:: A última hora la actividad de las truchas marrones aumenta considerablemente::





 

Este viaje, como tantos otros, juntaba en un mismo lugar ambas pasiones, y en tales casos mi proceder es el siguiente: o la caña o la cámara, así de simple ( y así de complicado). Esta no hubiera sido la excepción, de no ser porque un gran amigo mío (mosquero empedernido igual que yo), por motivos personales viajaba para el mismo lado, y me dijo que había oído algo acerca de la pesca en ese lugar, y que no sea bolu..., que llevara la caña y algunas moscas, así en los ratos libres pescábamos juntos. Si algo me molesta es viajar cargado de equipaje, así que luego de decidir hacer una excepción, debía elegir muy bien que elementos de pesca llevar, además de los que ya estaban empacados para trabajar, tales como cámaras, trípodes, ropa, etc. Entonces resolví reducir el equipo de pesca al mínimo, lo que me costó bastante, ya que no tenía claro con que tipo de pesca y de ambientes nos íbamos a enfrentar. El resultado fue el siguiente: caña Hardy de 7 tramos para línea 6, un reel con línea de flote, un spool con línea de hundimiento, una sola caja de moscas con un poco de todo, leaders, tippets, y pocos accesorios más, todo comprimido en una pequeña mochila. Cómo les dije, primero es lo primero, así que luego de filmar unos días en Calafate nos trasladamos en camioneta hasta Los Antiguos, arribando luego de diez largas horas de viaje por paisajes lejanos y agrestes pero de una inmensa belleza. Es común ver grandes grupos de guanacos y ñandúes, así como zorros y liebres en esta tierras que alguna vez dominaron los indios Tehuelches, y que hoy sólo conservan algunas huellas de aquellas culturas, como es la cueva de las manos, muy cerca de nuestro destino. Instalados en nuestro hospedaje, lo primero fue planificar mi trabajo con la gente del lugar, los que me llevaron a recorrer todo lo bello que tiene esta región remota, enclavada en medio de la cordillera de los Andes.
El primer día fue espléndido y de trabajo sin pausa. Luego de un reparador descanso por la noche, el día siguiente amaneció muy nublado, con llovizna y algo de viento. Dichas condiciones no mejoraron así que luego de esperar hasta el mediodía, decidimos que no eran propicias para generar material, así que con Sergio decidimos ir a probar suerte con la pesca, a pesar de las condiciones climáticas. Realmente el día no era de lo mejor, pero a pesar del frío y la llovizna, el viento, que es lo más molesto, no era muy intenso y por momentos casi desaparecía, así que nos preparamos y salimos a pescar.

 

 

 

«macho de salmo Fario»  



 

«uno de los paterns, que desde la superficie hacía las delicias de los  pescadores»

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Algunos de los modelos que pueden llegar a dar buenos resultados a estas latitudes con las migratorias del Buenos Aires::





 


Vale decir, que antes de decidir a dónde remojar nuestras moscas, nos asesoramos con gente del lugar que nos orientó e indicó dónde sería más apropiado. Los Antiguos se encuentra a orillas del colosal lago Buenos Aires, el segundo en tamaño en Sudamérica, luego del Titicaca. Cerca del pueblo desembocan en el lago, el río los Antiguos, y el Jeinimeni, éste último marcando el límite con Chile. Comenzamos pescando a orillas del lago, donde también algunos pocos pescadores intentaban en spinning, sin éxito al igual que nosotros. Luego que un largo rato, no había resultados y decidimos caminar por la orilla para renovar las esperanzas en otro sector. A poco de caminar, nos encontramos con un lugar de características poco comunes que paso a describir: a un lado del lago, como una suerte de albufera de pequeñas dimensiones, una laguna colecta la poca agua que en ésta época del año baja por el río los Antiguos, y luego de acompañar la costa del lago por un par de kilómetros, vuelca sus aguas al mismo, por una pequeña boca de no más de 4 metros de ancho. La laguna está separada de las aguas del lago tan sólo por una porción de tierra de unos 15 a 20 metros de ancho. El ambiente da la impresión de estar habitado por tarariras más que por truchas. Hay densos juncales, gambarrusa y sauces en sus orillas, y la profundidad de sus cristalinas aguas es de unos tres metros promedio. El lugar no nos entusiasmaba demasiado, pero dado lo magro del resultado en el lago y el poco caudal de los ríos, se presentaba como la única posibilidad de poder pescar aunque sea unas pequeñas truchas. A poco de comenzar a pescar, comenzamos a ver borbollones en la superficie, con lo que el interés subió un tanto.

 


 

recordé una frase del famoso Gary Borger que afirma: "...si yo tuviera sólo dos horas para ir de pesca en busca de grandes marrones, esas serían aquellas dos justo antes del anochecer.











«Popper mordisqueado por esas agresivas truchas del río Los Antiguos"»
:::Este popper fue atado intacto al tippet del 0X, se puede apreciar la fuerte dentadura de estos peces de marcado caracter piscívoro::






Abro mi caja y encuentro el mismo pequeño popper de siempre, que esta vez sí, iba a ir a la guerra.
















 

Pero a pesar de las "tomadas" que veíamos, no pasaba nada. Yo comencé intentando con línea de flote y algunas ninfas, y Sergio abajo con streamers. Luego de un rato Sergio tiene un pique y logra pescar una plateada arco iris de un kilo y medio mas o menos, y luego tiene un par de toques bastante interesantes. Bueno! esto ya se pone interesante dijimos y no terminamos de decirlo cuando escuchamos un fuerte ruido en el agua, como si hubieran arrojado algo, pero no llegamos a ver lo que lo produjo, sólo las ondas que quedaban en el agua. Nos miramos, y sinceramente sonaba demasiado ruidoso como para ser generado por un pez, así que seguimos pescando sin demasiada preocupación, hasta que nuevamente estalló el agua en otro sector, y esta vez alcanzamos a ver con el rabillo del ojo un pez de brutas dimensiones volando por los aires cual Flipper el delfín. Nos miramos otra vez con esa expresión en el rostro que sólo los pescadores que han pasado por algo similar sabrán adivinar. Obviamente salimos corriendo los metros que nos separaban del lugar del salto; Sergio siguió con lo mismo que tenía antes y yo a mi línea de flote le cambié el tipett por uno un "poquito" mas grueso y até una maraboú muddler blanca a la punta. Luego de unos minutos alcanzo a ver un borbollón muy prometedor a unos quince metros de mi posición, me preparo y tiro inmediatamente cerca de las ondas que aún quedaban y comienzo a mover la mosca, que trabajaba a pocos centímetros de la superficie. Primero otro borbollón y luego un toque, y el corazón a mil por hora. Segundo otro borbollón y el salvaje ataque se consuma. Una tremenda y oscura marrón de más de tres kilos, sale catapultada fuera del agua como alma que lleva el diablo, para luego caer y salir disparada a toda velocidad llevando toda la línea suelta en pocos segundos. Luego de eso recuerdo imágenes como fotos en mi mente: Sergio con la boca abierta y ojos desorbitados, mi caña diciendo"U" curvada al máximo, y varias imágenes de los cuatro o cinco saltos más que pegó este bravío macho de la especie fario. Mientras escribo revivo la emoción y la sorpresa de haber dado con semejante animal, en un ambiente tan atípico. Como se imaginarán, nuestro concepto previo acerca de este reducto cambió drásticamente en segundos, así que no movimos los pies de donde estábamos hasta unas dos horas más tarde.
Como les decía al comienzo, la pesca es impredecible e ilógica, tanto lo es y lo fué en ese momento que luego de esa gran emoción nada más sucedió y es por eso que decidimos irnos un poco emocionados, ansiosos, confundidos, y con muchos interrogantes y algunas certezas. Todas las tardes nos hacíamos alguna escapada a la lagunita Sergio y yo, compartiendo el lugar con algún que otro pescador de spinning, pero salvo algunas muy lindas arco iris, ni rastro de las marrones grandes, a pesar de ver volar alguna que otra cada tanto y un muy buen pique que tuve y terminó en corte. Fue entonces cuando recostado en la cama una noche, con la mente tratando de encontrar respuestas, recordé una frase del famoso Gary Borger que afirma: "...si yo tuviera sólo dos horas para ir de pesca en busca de grandes marrones, esas serían aquellas dos justo antes del anochecer. El segundo mejor momento: justo inmediatamente después del anochecer; el tercero: cualquier hora durante la noche..." y me pensé que tal vez estuviera en lo cierto, pero el sueño me vencía y al otro día debía trabajar, así que me quedé dormido poco después. Al día siguiente, luego de mi trabajo matutino, el día se presentaba maravilloso: sol a pleno, sin viento y casi sin frío, una bendición. Le comenté a Sergio lo de Gary Borger y coincidió en refrenar el impulso de ir más temprano para llegar sólo un par de horas antes de la oscuridad total. Y así fue, llegamos con el sol a poco de esconderse detrás de los altos picos nevados, y por supuesto puse la misma mosca que me dio resultado la primera vez, y comencé a pescar. Durante unos minutos nada sucedía, el resto de los pescadores se había retirado ya a sus hogares sin nada en su haber, y como si hubieran estado esperando el momento, la superficie del agua comenzó a "hablar", ese lenguaje que a los pescadores nos seduce y nos produce un estado de temblor incontrolable, porque sabemos muy bien lo que significa. La superficie se llenó de borbollones "pesados", uno tras otro, pero misteriosamente no tomaban nuestras moscas. Hasta que en determinado momento mi marabou muddler venía muy cerca de la superficie cuando fue atacada fallidamente, y entendí que estaban con la atención puesta solo en lo que se moviera por allí, así que pensé y me atreví a hacer algo que siempre había deseado pero nunca hecho: intentar con un popper.

 


 

Abro mi caja y encuentro el mismo pequeño popper de siempre, que esta vez sí, iba a ir a la guerra. Ya con menos luz lo ato al tippet de 0x y comienzo a traerlo lentamente por la superficie... No llego ni a la mitad del recorrido cuando la superficie explotó y mi mini popper desapareció. Terrible corrida seguida de salto, y se escapa...No lo podía creer, por un lado me había picado con popper y por otro se me había ido. Volví a tirar, otra vez lo mismo: segundo tiro, pique violentísimo, corrida y se escapa... Luego de varios insultos al aire reviso el popper y observo que además de no tener rebarba el anzuelo era de aquellos que se usan para tarariras, de curva muy amplia y abierta, la cual después del primer pique o del segundo, había quedado mucho más abierta. Mi único popper ya no servía más, así que miré dentro de mi caótica e improvisada caja de moscas y encontré una mosca con cabeza de pelo de ciervo y patas de goma, creada en principio para imitar una páncora pero que como flotaba nunca la había usado. Pero esta era la oportunidad, así que yo coloqué ese extraño engendro y Sergio, ni corto ni perezoso ató una chernobil de proporciones gigantes que tenía guardada. Lo que siguió luego, fue la mejor experiencia de pesca de mi vida, sin dudas. Se las hago corta: en una hora (no había más tiempo ni luz) logré con la misma mosca catorce truchas marrones, si leyó bien 14, entre tres y cinco kilos, mientras Sergio pescó otras nueve truchas más al mismo tiempo. Todas sin excepción pescadas en la superficie como si fueran tarariras. Aún conservo la mosca, (fotografía) la que pasará a decorar una de las fotos que aparecen en esta nota y vestir una de las paredes de mi casa. Luego de mi trucha catorce (y otros tantos escapes) decidimos que ya era suficiente lo que la madre natura nos estaba regalando y no sin asombro por lo que en tan poco tiempo había sucedido emprendimos el regreso al hospedaje. Se podrán imaginar que en tales condiciones de excitación. Sergio y yo casi no dormimos esa noche y no queda amigo o pariente, pescador o no, que no haya escuchado el relato y visto las fotografías, que por supuesto son muchas más que las que aquí se publican. Todo lo que sucedió después ya carece de importancia y no vale la pena mencionarlo, sólo queda el recuerdo imborrable de semejante experiencia enriquecida por la compañía de un entrañable amigo de aventuras y desventuras, y el hecho de haber confirmado una vez más que la pesca no siempre es lógica pura, racional, sino que se siente en las vísceras y desde allí, por lo menos yo la entiendo mucho mejor que desde la "terraza".

 
«un salmo fario de una coloración impresionante»

::Una de las primeras, de las marrones capturadas, en este caso con una Marabou Mudler::






...logré con la misma mosca catorce truchas marrones, si leyó bien 14, entre tres y cinco kilos »
 






 

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