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recordé
una frase del famoso Gary Borger que afirma: "...si yo tuviera
sólo dos horas para ir de pesca en busca de grandes marrones, esas serían
aquellas dos justo antes del anochecer.

:::Este
popper fue atado intacto al tippet del 0X, se puede apreciar la
fuerte dentadura de estos peces de marcado caracter piscívoro::
Abro mi caja y encuentro el mismo pequeño popper de siempre, que
esta vez sí, iba a ir a la guerra.
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Pero a pesar de las
"tomadas" que veíamos, no pasaba nada. Yo comencé intentando con línea
de flote y algunas ninfas, y Sergio abajo con streamers. Luego de un rato
Sergio tiene un pique y logra pescar una plateada arco iris de un kilo
y medio mas o menos, y luego tiene un par de toques bastante interesantes.
Bueno! esto ya se pone interesante dijimos y no terminamos de decirlo
cuando escuchamos un fuerte ruido en el agua, como si hubieran arrojado
algo, pero no llegamos a ver lo que lo produjo, sólo las ondas que quedaban
en el agua. Nos miramos, y sinceramente sonaba demasiado ruidoso como
para ser generado por un pez, así que seguimos pescando sin demasiada
preocupación, hasta que nuevamente estalló el agua en otro sector, y esta
vez alcanzamos a ver con el rabillo del ojo un pez de brutas dimensiones
volando por los aires cual Flipper el delfín. Nos miramos otra vez con
esa expresión en el rostro que sólo los pescadores que han pasado por
algo similar sabrán adivinar. Obviamente salimos corriendo los metros
que nos separaban del lugar del salto; Sergio siguió con lo mismo que
tenía antes y yo a mi línea de flote le cambié el tipett por uno un "poquito"
mas grueso y até una maraboú muddler blanca a la punta. Luego de unos
minutos alcanzo a ver un borbollón muy prometedor a unos quince metros
de mi posición, me preparo y tiro inmediatamente cerca de las ondas que
aún quedaban y comienzo a mover la mosca, que trabajaba a pocos centímetros
de la superficie. Primero otro borbollón y luego un toque, y el corazón
a mil por hora. Segundo otro borbollón y el salvaje ataque se consuma.
Una tremenda y oscura marrón de más de tres kilos, sale catapultada fuera
del agua como alma que lleva el diablo, para luego caer y salir disparada
a toda velocidad llevando toda la línea suelta en pocos segundos. Luego
de eso recuerdo imágenes como fotos en mi mente: Sergio con la boca abierta
y ojos desorbitados, mi caña diciendo"U" curvada al máximo, y varias imágenes
de los cuatro o cinco saltos más que pegó este bravío macho de la especie
fario. Mientras escribo revivo la emoción y la sorpresa de haber dado
con semejante animal, en un ambiente tan atípico. Como se imaginarán,
nuestro concepto previo acerca de este reducto cambió drásticamente en
segundos, así que no movimos los pies de donde estábamos hasta unas dos
horas más tarde.
Como les decía al
comienzo, la pesca es impredecible e ilógica, tanto lo es y lo fué en
ese momento que luego de esa gran emoción nada más sucedió y es por eso
que decidimos irnos un poco emocionados, ansiosos, confundidos, y con
muchos interrogantes y algunas certezas. Todas las tardes nos hacíamos
alguna escapada a la lagunita Sergio y yo, compartiendo el lugar con algún
que otro pescador de spinning, pero salvo algunas muy lindas arco iris,
ni rastro de las marrones grandes, a pesar de ver volar alguna que otra
cada tanto y un muy buen pique que tuve y terminó en corte. Fue entonces
cuando recostado en la cama una noche, con la mente tratando de encontrar
respuestas, recordé una frase del famoso Gary Borger que afirma: "...si
yo tuviera sólo dos horas para ir de pesca en busca de grandes marrones,
esas serían aquellas dos justo antes del anochecer. El segundo mejor momento:
justo inmediatamente después del anochecer; el tercero: cualquier hora
durante la noche..." y me pensé que tal vez estuviera en lo cierto, pero
el sueño me vencía y al otro día debía trabajar, así que me quedé dormido
poco después. Al día siguiente, luego de mi trabajo matutino, el día se
presentaba maravilloso: sol a pleno, sin viento y casi sin frío, una bendición.
Le comenté a Sergio lo de Gary Borger y coincidió en refrenar el impulso
de ir más temprano para llegar sólo un par de horas antes de la oscuridad
total. Y así fue, llegamos con el sol a poco de esconderse detrás de los
altos picos nevados, y por supuesto puse la misma mosca que me dio resultado
la primera vez, y comencé a pescar. Durante unos minutos nada sucedía,
el resto de los pescadores se había retirado ya a sus hogares sin nada
en su haber, y como si hubieran estado esperando el momento, la superficie
del agua comenzó a "hablar", ese lenguaje que a los pescadores nos seduce
y nos produce un estado de temblor incontrolable, porque sabemos muy bien
lo que significa. La superficie se llenó de borbollones "pesados", uno
tras otro, pero misteriosamente no tomaban nuestras moscas. Hasta que
en determinado momento mi marabou muddler venía muy cerca de la superficie
cuando fue atacada fallidamente, y entendí que estaban con la atención
puesta solo en lo que se moviera por allí, así que pensé y me atreví a
hacer algo que siempre había deseado pero nunca hecho: intentar con un
popper.
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