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Maestro indiscutido
del double haul. Su estilo personal está basado en un timing perfecto,
su mano derecha (es zurdo) trabaja incesantemente sobre la línea,
con gran ritmo y cadencia. El porcentaje de tiros correctos es elevadísimo
y la distancia está por encima de lo normal. Tirando una mosca
seca o una skattig-spider se aprecia su tremenda eficacia. Su enorme dominio
de la mano del haul le permite hacer tiros de 20 o 25 metros sacando sólo
5 o 6 metros de línea. Hay un lugar en la boca del Chimehuín
que se llama "Abajo de los bushes"
la única chance
para tirar es sacar 5 o 6 mts. de línea, hacer un back cast muy
fuerte y muy a tiempo, ya que el tiro para atrás, para arriba,
no favorece para sacar distancia, en fin un lance sólo para expertos
muy capacitados. Lo he visto al Bebe pescar un skating-spider en ese lugar
y colocarla en los lugares más apartados pero más adecuados.
Realmente es un espectáculo ver la maestría y el dominio
que ha adquirido e Bebe en el difícil arte del casting con caña
de mosca.
Otro tiro magistral que realiza son los cambios de dirección,
verlo parece tan fácil que a muchos no les llama la atención
Además de tirar bien, como conocedor de ríos de trucha está
a la altura del mejor, no sólo de los ríos que conoce sino
de los que no conoce. Sin duda sabe leer el agua y dónde están
los peces
en la Boca es el número uno, sin lugar a dudas
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Brooks en su primera
visita a la Argentina, trajo consigo un equipaje que consistía
primero en una vasta experiencia, gran cantidad y calidad de equipamiento,
y moscas que llamaron la atención por su inmenso tamaño,
y que el Bebe y Donovan bautizaron "brochas de afeitar". Tal vez una de las
anécdotas más famosas sobre el Bebe, sea la de la renombrada
trucha de once kilos capturada el 2 de marzo de 1961 en el río
Chimehuín, cerca de la boca: "La de los once",
la bautizaron.
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La experiencia duró
45 minutos aproximadamente, y en un artículo de la revista Camping,
el inolvidable Zapico Antuña, cuenta en palabras textuales de Bebe: En el corazón
de casi todos los pescadores, vive la sospecha de que antes nadaban por
los ríos patagónicos, truchas mucho más grandes que
las de los tiempos actuales. Pero eso no desmerece la destreza y la experiencia
que desarrollaron aquellos que, como el Bebe, desafiaron las aguas de
ríos y lagos, con equipamientos mucho menos sofisticados y desarrollados
que los actuales. Cultivando la paciencia, la observación, y con
una habilidad incomparable, muchos pescadores de antaño consiguieron
arrebatarle a las aguas de ayer, seres que se cobijaban en sus fríos
brazos, para convertirlos en magníficos recuerdos que todavía
hoy nos asombran. La casa que construyó
Anchorena a orillas de su amado río Chimehuin, una de las casas
más bonitas y amplias de la región, era el fiel reflejo
del amor que sentía por ese paraíso que tantas alegrías
le brindó. Él no habla de los años felices que transcurrieron
allí, pero sabemos que alrededor de ella se condensaron la mayoría
de sus afectos y recuerdos más profundos y perdurables. El sol va cayendo en la inmensidad de la Patagonia Argentina, ato una mosca seca con la ilusión de fascinar a algún prodigioso habitante de algún remoto río. Mientras tanto, los cerros invitan al sol a esconderse. Todo se transforma. En ese momento mágico del crepúsculo la vida se muestra en toda su magnitud y belleza. Espero ansioso el pique que antes de cada temporada, habita en mis sueños de pescador. Lo invito a salir, a volverse realidad, que salte de mi mente y se revele ante mis ojos. Pero nada sucede, mi mosca flota despreocupada llevada por el fluir incansable de las aguas, con un murmullo que adormece. La luz se va desvaneciendo, pero no toda aún queda un resplandor que perdura, que se aloja detrás de cada piedra del río, que se refleja en el agua, que disfrutan los árboles en las riberas. La luz del "Bebe" lo envuelve todo y lo transforma en una leyenda. Entonces guardo mi equipo y me retiro casi a oscuras, comprendiendo que mi deseo, por lo menos esa tarde, no se hará realidad. Porque en lo profundo de ese pozón y bien adentro en mi corazón, vive la trucha más grande de todas, sí, pero ella aún espera por él. |
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