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| Nota corresp. a 14° edición¦[ Agosto ~Septiembre ] « por Pablo Saracco» |
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Agradecemos a nuestro amigo y guía de pesca Darío Damonte
que aportó su experiencia y equipamiento para que este artículo
sea posible::.
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El
clima en nuestro querido planeta, ya no es tan previsible como antes Eso
se ha hecho evidente en las últimas décadas, donde el comienzo de las
temporadas se adelanta ó bien se atrasa considerablemente. Entonces, es
cada vez mas difícil anticiparse y no se sabe que esperar en una determinada
época del año. Lo que nos ocupa es la pesca, y por supuesto está regida
por calendarios humanos y naturales. Los primeros están hechos de acuerdo
a éstos últimos (ó debieran estarlo, pero eso es tema para otro artículo)
pero no siempre coinciden, hecho que se ha acentuado últimamente, como
expresaba al comienzo. Este año, promediando mayo, las precipitaciones
se hicieron presentes y el nivel de los ríos comenzó a subir paulatinamente.
Alegremente adecuamos nuestros equipos para una pesca mas pesada y nos
aventuramos a los ríos. La pesca, a medida que los cursos de agua se alimentaban
de las lluvias, fue la esperada Y la presencia de truchas migratorias,
que con mas agua comienzan a moverse en busca de los lugares para reproducirse,
se hizo palpable. Obviamente nuestra alegría era mas que evidente, pero
lo que habíamos deseado unos meses atrás no sólo llegó sino que se desbocó.
Claro, la lluvia estaba muy bien, pero cuando comenzó a nevar sin pausa,
todo se fue al otro extremo. Así es que "sobre llovido, nevado". |
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Una
combinación explosiva. Si los ríos ya estaban altos, imagínense como quedaron
días después. Un mar. Así, lo que pintaba bien se terminó complicando,
ésta vez por el motivo contrario a los años anteriores. Ahora sobraba
agua. De todas formas la pesca no se hizo imposible, aunque si muy complicada,
y eso es lo que les paso a contar a continuación. El primer informe estuvo
enfocado principalmente a poner un poco de luz sobre la dinámica reproductiva
de las truchas, lo que es muy confuso para muchos pescadores. Ahora le
daremos prioridad a la pesca propiamente dicha, describiendo como hay
que adaptarse a las situaciones cambiante que el medio nos propone, muy
intensas y complicadas en este caso en particular. Como les decía, con
el nivel de agua en aumento, comenzó una pesca diferente a la del resto
de la temporada. No hay muchos secretos: moscas grandes y líneas de hundimiento.
Con respecto a las moscas, lo mas efectivo es utilizar streamers grandes
y cuando digo grandes es GRANDES, me explico no? Los colores pueden variar
según las condiciones de luz, claridad del agua y gusto personal. Mi opinión
es que si la mosca pasa por donde tiene que pasar, da lo mismo cualquier
color. Las truchas marrones de por sí son predadoras incorregibles, y
en éste momento aunque no se alimentan, su agresividad no diminuye. Al
contrario, su instinto de territorialidad está en ebullición. Pero insisto,
el tamaño es vital para que la mosca sea vista en semejante cantidad de
agua, y "moleste" lo suficiente como para inducir un brutal ataque. Algunos
modelos que han rendido bien son los ya conocidos por todos: wooly buggers,
rabbitts, matukas, zonquers, decivers, blondes, etc. Las líneas deberán
profundizar rápidamente, ya que no sólo hay mas agua sino que corre mas
rápido, así que hay que hacer bajar la mosca. Y para ello no sólo hay
que hacerlo con la línea, sino también con leaders bien cortos. Como mucho
de 1,5 metros. Si la mosca está lastrada, mejor aún ya que todo se hundirá
parejo. El rango de hundimiento de las líneas tiene lecturas distintas
según los fabricantes. En el caso de un shooting taper lo ideal es no
menos de un hundimiento IV, hasta un VI., y en el caso de las Tenny, no
menos de una 300. |
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Está
claro que para pescar con semejante configuración y en tales condiciones
estamos obligados a emplear equipos no menores a un número ocho. Otra
consideración con respecto al equipo: si pescamos de costa lo mas indicado
creo que es utilizar un shooting complementado con amnesia de 20 lbs,
ya que muchas veces hay que hacer tiros largos, y además se hunde con
rapidez. En cambio, si estamos pescando desde una balsa, un running line
será mas cómodo para lanzar porque se enreda menos y los lanzamientos
no deberán ser muy largos. Por último, estamos hablando de la posibilidad
de clavar truchas grandes en corrientes fuertes, así que lo mejor para
estar seguros es poner en la punta del leader tipetts bien gruesos. Yo,
aunque suene algo exagerado, confío mi destino a monofilamento del 0,30
ó en ocasiones 0,35. Una marrón grande en un curso de agua crecido no
es broma. A esta altura ya puedo comenzar a contarles lo que pasó en el
río. Mi amigo Darío Damonte y yo, decidimos que lo mejor para comenzar
era probar suerte con las marrones migratorias del legendario río Chimehuín.
A lo largo de toda su extensión hay innumerables sectores en los cuales
se puede intentar. Todos son potenciales proveedores de buenas truchas.
Al comienzo, decidimos pescar desde la costa, caminado el río en busca
de tentadoras correderas. La técnica es simple: hay que buscar los lugares
en dónde la trucha pueda refugiarse de la fuerte correntada. Esto se da
en el fondo ya que por fricción la corriente es mas lenta, lo mismo que
en los bordes contra las costas, y detrás de algún obstáculo como rocas
ó troncos sumergidos. Con el río normalmente crecido, fueron muy fructíferos
los intentos en lo profundo de las correderas, tirando río a través, dejando
hundir largando algo de línea y luego cuando se comienza a formar la panza,
recoger con tirones no muy exagerados. En general los piques se producían
cuando la línea estaba derivando libre, y se sentían como si la mosca
se hubiera enganchado en el fondo. Entonces al levantar la caña en claro
gesto de clavada, el combate comenzaba, a veces con un pesado y ruidoso
salto ó directamente con una pronunciada corrida río abajo. Hay que dar
tiempo a la mosca para que derive unos metros libremente y pueda hundirse.
Los piques se daban en ráfagas. Era muy común que durante largos períodos
no hubiera ninguna actividad, y de golpe ambos pescadores tuviéramos al
mismo tiempo varios piques, para luego volver a aquietarse todo otra vez.
Sucede que las truchas están en continuo movimiento, y pasan en cardúmen.
Así que hay que tener paciencia y esperar que pasen. Cuando están pasando
pican, no hay vueltas. Pero a veces no pasan, ó ya pasaron, entonces habrá
que volver otro día. Las truchas mas grandes pesaban alrededor de los
tres kilos con alguna que otra que rozó los cuatro. Obviamente todas marrones.
No es muy común pescar grandes cantidades, mas aún cuando hay tanta agua.
Lo común es que en un día de pesca se claven dos ó tres truchas grandes,
entre otras mas pequeñas. Pero insisto en que el condimento extra que
aporta la velocidad de la corriente, hace que una trucha de mediano tamaño
se convierta en un adversario de temer, y ni hablar de las mas robustas
y gordas. Cuando uno pesca de costa en esta época, no puede acceder a
todos los lugares que estaban disponibles durante la época de calor, ya
que el agua invadió muchos sectores haciéndolos inaccesibles. Así que
la pesca se reduce a determinadas porciones del río y hay que caminar
un poco mas para encontrar otros lugares en donde podamos castear cómodamente.
Pero existe otra posibilidad para aprovechar todo el río y es pescar desde
una embarcación. En realidad lo que motivó flotar el río, fue por un lado
la inesperada crecida a causa de las tempranas nevadas, lo que provocó
que los ríos se transformaran en torrentes enloquecidos, y a causa de
esto se hiciera imposible vadear con seguridad y además se enturbiaran
un tanto las aguas. Así fue que decidimos flotar el río Caleufu, pero
luego de preparar todo, una nueva nevada bloqueó el camino de los siete
lagos impidiendo el tránsito durante días. A todo esto, con la temporada
ya casi terminada, convenimos que lo mas adecuado y casi la única posibilidad
era flotar el Chimehuín en su tramo superior. El panorama no era distinto
salvo que las aguas estaban limpias. Gracias a la experiencia de Darío
pudimos encarar ese difícil tramo de río. Como estaban dadas las cosas
sólo un experto remero como él, puede salir airoso de aguas como esas.
Créanme que el Chimehuín arriba mete miedo cuando trae tanta agua. En
realidad la pesca pudimos realizarla tan sólo en algunos tramos en los
que pudimos bajar de la balsa, ó desde la balsa misma. En el primer caso,
la corriente era tan fuerte que la única porción de agua que era factible
pescar eran las costas. El flujo de agua era tan potente que sacaba hasta
la línea mas pesada empujándola hacia la costa, y fue precisamente en
esos sectores en donde tuvimos los piques. Obviamente las truchas también
necesitaban refugiarse, así que se encontraban protegidas detrás de arbustos
ó plantas semi-sumergidas. En realidad espantamos unas cuantas mientras
caminábamos tratando de encontrar un lugar seguro donde pisar. En el segundo
caso, la pesca se dio lanzando desde la balsa hacia pequeños recovecos
entre los árboles ribereños. Los piques eran explosivos, ya que las truchas
atacaban ni bien la mosca caía al agua. Así que como resultado obtuvimos
varias marrones interesantes, y además dos hermosas arcoiris fuera de
contexto a la altura de la famosa "herradura". A medida que nos acercábamos
al regimiento de Junín de los Andes, se iba terminando no sólo la flotada
sino también la temporada. Rodeados de un marco imponente con el Lanín
custodiándonos la espalda nos despedimos de un último día de pesca matizado
con grandes truchas marrones y bastante rafting ( y del bueno).
Es hora entonces de guardar todo hasta el año que viene, atesorando los
buenos momentos que hemos pasado a la vera de un remoto río cordillerano.
Allí es donde la mayoría de nosotros, aquellos que amamos la pesca con
mosca, nos sentimos en plenitud y somos felices. Los veo en el río la
temporada que viene. Agradezco a mi amigo y guía de pesca Darío Damonte,
que aportó su experiencia y equipamiento para que este informe pudiera
ser posible.
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