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| Extracto
de "La Magia de Pescar con Mosca corresp. a 14° edición¦[
Agosto ~Septiembre ] « por Armando Maubre» ¡GRACIAS ARMANDO!. |
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Para leer todo el artículo lo invitamos a adquirir este fantástico libro que lo llevará de la mano por el cautivante mundo de la pesca con mosca. «para adquirir el libro haga clíck aquí y contáctese con nosotros» |
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MOSCA
MOJADA (dentro del Agua).- La trucha, en su medio y según hacia dónde dirige su vista, ve pasar los objetos -que la corriente trae o que se mueven por sí solos- sobre "telones" de distintas tonos o colores. Del contraste que exista entre ambos dependerá el interés que despierte en el pez. Además, la trucha "oye" por su linea lateral (serie de poros con terminaciones nerviosas) que se extiende a ambos lados del cuerpo prácticamente de cabeza a cola y que le permite percibir hasta la más sutil vibración. Los peces entonces reaccionan al movimiento. Las cosas estáticas no les llama la atención a menos que sean atraídos por su olor. Pero las moscas sólo tienen el olor del viejo armario donde esperaron un año para ser usadas, nada que podamos calificar de muy atractivo para un pez. Resumiendo, podemos decir que reaccionan al movimiento de dos maneras: por el "oído" (vibraciones) o por la vista (contraste), y es precisamente esta última, la percepción visual, la que las decide a abandonar su puesto de acecho para perseguir a aquello que luzca como comestible. Si la trucha está mirando directamente hacia adelante verá las cosas que desfilan a la altura de sus ojos contra un telón oscuro, formado por la superposición de capas de agua que reflejan el azul del cielo o el verde de las plantas. En cambio si está mirando el lecho del río las verá pasar contra un telón amarronado, producto del calidoscopio de colores que emiten las piedras del fondo. Por último si está mirando hacia arriba -a excepción de la "ventana" que definiremos más adelante- verá a las moscas desplazarse contra una superficie espejada. En la que hasta se refleja el fondo cuando hay mucha luz y que los pescadores designan como "espejo". El contraste que ofrezca la mosca frente a las diversas tonalidades que adoptan esos telones afecta directamente su visibilidad. Esta última, en realidad, depende de múltiples factores como la existencia de luz solar (nubosidad y posición del sol en el horizonte), la claridad de las aguas (sedimentos y turbidez), su densidad, la temperatura, color de fondo y el entorno, y la profundidad a que estamos pescando. Por ejemplo, un sol radiante o un cielo nublado, el amanecer o el atardecer son factores que dentro de una misma jornada de pesca harán variar, hacia el claro o el oscuro, la tonalidad del fondo de contraste, y en cierto modo están dictando el color de la mosca a elegir. Digamos que un pez está mirando hacia arriba y ligeramente hacia adelante, vigilando la superficie del río. Si el día está muy nublado verá al "espejo" de un plateado profundo y el color de un "streamer" que más contraste será el negro. Mientras que en un día soleado los colores son estimulados por la luz y una mosca multicolor tendrá el atractivo y el contraste necesarios. Otro tanto ocurre con la profundidad a la cual pescamos, la falta gradual de luz -a medida que la mosca desciende- hace virar su color. En aguas claras lo que es naranja brillante en la superficie se torna amarronado si descendemos a cinco metros y gris oscuro a partir de los diez metros donde ya no llega la luz solar. Es decir, en la oscuridad todas las moscas son pardas y no importa su color.El rojo, que junto con el amarillo, es el color más visible y privilegiado por los peces también pierde su tonalidad a medida que se profundiza. El agua, a partir del metro de espesor, actúa como un filtro progresivo para las vibraciones luminosas, de modo que a los tres metros las cosas comienzan a verse con una tonalidad azul/verdosa -tal como si en nuestro televisor suprimiéramos el rojo. El verde y el azul son, entonces, colores más permanentes pero -especialmente este último- poco usados en el diseño de las moscas. Algunos investigadores afirman que el verde es el color que menos aceptación tiene entre las truchas. Si el agua en que sumergimos a las moscas está ligeramente turbia o trae mucho material en suspensión, la profundidad a la que estos cambios de color ocurren varía drásticamente. De modo que jamás esperemos que una trucha vea los colores de una ninfa igual a los que nosotros vemos cuando la tenemos en la mano. A menos que la estemos pescando, a un metro de profundidad, en aguas absolutamente transparentes y en un día radiante. Las truchas no poseen medios, como los que dispone el hombre, para protegerse de los rayos directos del sol, tales como párpados, pestañas, anteojos negros y sombreros de ala ancha. Cuando miran hacia la luz su pupila se contrae -un modo de reducir la cantidad que penetra en su ojo- y en esas condiciones de oscuridad una mosca roja se verá negra. Por ese motivo, los peces están deslumbrados y molestos cuando existe excesiva claridad y prefieren refugiarse en la sombra que proyectan los árboles de la costa, los socavones de las orillas, las cuevas o cavidades de las rocas, entre los herbarios acuáticos de los ríos o ganar la profundidad del lago para escapar de este inconveniente. |
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