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.::La idea era ir en busqueda de dos especies, el róbalo y el pejerrey, intentando en dos modalidades, mosca y spinning ::.
  Era un día calmo de invierno, pero con una temperatura más que agradable para la época. El termómetro marcaba 12 grados y soplaba una suave brisa del cuadrante oeste. Nos encontramos con Maximiliano Ivanissevich en Puerto Madryn, él cumplió un doble rol en la excursión: en primer lugar fue guía de pesca, y segundo, es funcionario del área de turismo de la provincia del Chubut, desde donde se está buscando potenciar la pesca con artificiales en el mar como un novedoso producto turístico. Salimos a media mañana camino a Bahía Cracker, nombre de la estancia y bahía ubicada en la cara sur del Golfo Nuevo. Este Golfo de gran extensión es como una pileta gigante donde el mar suele estar calmo ya que las costas del golfo sirven de refugio para con los vientos patagónicos. La idea era ir en busca de dos especies, el róbalo y el pejerrey, y que intentáramos con dos modalidades, mosca, y spinning (señuelos y cucharas). Tanto el róbalo como el pejerrey atacan artificiales. Camino a Bahia Cracker nos cruzamos con una cuadrilla de cinco guanacos que nos miró pasar a unos doscientos metros del camino. El color rojizo de su pelaje y el porte de estos camélidos impacta, aunque lo verdaderamente cautivante es observar a animales silvestres en su hábitat natural. Al llegar a la playa de Bahia Cracker luego de 45 minutos de viaje desde Puerto Madryn nos recibió un mar azul y tranquilo. La postal era increíble.
El cielo seminublado y la brisa completaban el panorama. Mientras nos preparábamos y armábamos los equipos, una ballena franca austral nos sorprendió por su cercanía a la playa, solo cincuenta metros nos separaban del gigante marino. Por indicación del anfitrión emprendimos una larga caminata. Nuestro guía explicaba que los mejores ámbitos para el róbalo son aquellos con restinga donde habitan poliquetos, cangrejos y caracoles, y que el pejerrey se encuentra en todo tipo de ámbito.
 

 

 

  Mientras nos prepará-
bamos y armábamos los equipos, una ballena franca austral nos sorprendió por su cercanía a la playa, solo cincuenta metros nos separaban del gigante marino.
 

     
 
 
     

 
.::Los señuelos deben nadar a ras del fondo para movilizar e este pez::.
  Caminamos más o menos media hora y ya estábamos listos para probar suerte. Utizamos waders ya que es necesario meterse unos metros en el mar para realizar los lanzamientos. El equipo seleccionado estaba constituido por una caña #6, con una línea intermedia o sinking tip, ya que se pescaría en poca agua, una wolly bugger de tonalidades rojizas y bastante brillo remataba la punta del tippet, la idea era tentar al tímido róbalo (eleginops maclovinus), mientras tanto, Maximiliano comenzó sus intentos con spinning y una cucharita Abu Garcia de 18gramos era la encargada de tratar de seducir a los pejerreyes. Las primeras respuestas se dieron en la modalidad de spinning, ya que un gran cardumen de esta especie se había arrimado a la costa, los piques eran constantes y la actividad de estos hermosos peces se podía ver prácticamente en superficie, barrenando entre las transparentes olas. En un rato se concretaron varios de los piques, aunque realmente no es nada fácil materializar los toques de las veloces "flechas de plata". Ya pasadas las tres de la tarde, el hambre llegó, al mismo tiempo que el cardúmen de pejerreyes se dispersaba. Un buen momento para el tardío almuerzo. Seguimos caminando en la misma dirección otros quince minutos. Allí Maximiliano indicó un nuevo lugar para intentar. Repitiendo la estrategia, la wolly bugger regresó al equipo, mientras Maxi ató un caimán plateado con pintas rojas. El róbalo era claramente el objetivo. Los señuelos deben nadar a ras del fondo para movilizar e este pez. Por ello el movimiento errático del caimán que avanza golpeando el lecho marino lo convierte en uno de los artificiales más eficientes de la zona. La vara de nuestro guía marcó el primer pique, un róbalo de aproximadamente un kilogramo de peso, de cabeza grande, boca chica y cuerpo estilizado. La tarde ya avanzada marcó el momento del regreso. La pesca con señuelos en el mar posee sin dudas un gran potencial. Es una muy buena conjunción entre pesca, aventura y ecoturismo. Sin lugar a dudas la última frontera de la pesca con artificiales en nuestro país.
 
     
 
« Agradecemos al Sr. Maximiliano Ivanissevich, funcionario de
Turismo de la provincia de Chubut »
 
     

     
 
 
     


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